Ximena Narea: Camilla
Óleo sobre tela
Oil on canvas
2008
18x24 cm


The Gradiva
Ancient Greek bas-relief, 4th c. BC, Roman copy, Chiaramonti museum of Vatican (ex no. 644, now VII/2-1284[2]) (attributed to Pompeii in the homonymous novel)

IMPRESIONES
(Intercambio epistolar)
Martín F. Yriart

Aproveché un minuto para mirar la carpeta de Musas. Encontré tu Camilla. No pienses que soy un pedante: lo primero que me llamó la atención es cómo está representado el movimiento del cuerpo, y enseguida pensé en el relieve (¿romano?) de La Gradiva.


Enseguida me llamó la atención una vez más cómo la división del cuadro por una diagonal, del ángulo inferior izquierdo al superior derecho, lleva la mirada de quien observa el cuadro y genera una sensación de desequilibrio que da la impresión de que la figura va a avanzar hacia la derecha y llenar el espacio vacío.


Esta sensación la refuerzan las líneas transversales que en dirección descendente acentúan la perspectiva trazada por el muro o cerco a lo largo del cual camina la figura, acercándola hacia el primer plano.

Su mirada, a su vez, no está dirigida hacia delante ni al frente de la escena, sino ligeramente girada hacia la izquierda, justamente hacia donde termina el muro y aparece una apertura iluminada, una brecha por donde salir, alejándose de quien ve el cuadro.

Me pregunto si esto es meramente mirar los detalles; descomponer el todo en sus partes como quien descuartiza un animal para comérselo. Lo real es que la figura parece realmente moverse y que ese movimiento insinúa un interés, una intención del personaje representado. ¿Tomará por ese hueco de luz o pasará de largo delante de nosotros?

Todo esto no son para mí meras especulaciones acerca de trucos ópticos, sino lo que anima a la figura y le da vida. La tela del vestido, que se pega a su cuerpo, por delante, y flota en el aire, por detrás, refuerza ese efecto, como si la figura avanzara contra el viento o lo provocara con su marcha, lo que quizás sea el atractivo sutil, el encanto del personaje, su serena carnalidad.

Todo esto da la sensación de que quien mira el cuadro no está afuera de él sino en un espacio contiguo, sin solución de continuidad con el que atraviesa la figura: como mirando desde el otro lado de la calle, desde el balcón.

Movimiento de la figura, sensorialización de la escena, involucración de quien mira la obra: ¡Cuánto, con cuán pocos elementos!. La figura que avanza mirando hacia otro lado, próxima pero ignorándonos. Abierta y cerrada al mismo tiempo: envuelta en sí misma como el enigma.